Entre Menorca y la Costa Brava: dos lugares, una misma vida

Menorca son mis raíces. Aquí he vivido toda mi vida, aquí está parte de mi familia y aquí se encuentran muchos de los recuerdos que forman parte de quien soy.

Pero con los años, la vida nos ha llevado también hacia otro rincón del Mediterráneo. Nuestro hijo estudió en Girona y acabó haciendo allí su vida. Se quedó, se casó y formó su propia familia. Hoy, allí están nuestro hijo, nuestra nuera y nuestra nieta, una parte fundamental de nuestra familia y una de las razones por las que la Costa Brava ha pasado a ocupar también un lugar tan especial en nuestra vida.

Ahora que disponemos de más tiempo, hemos podido cumplir algo que nos hacía mucha ilusión: tener una pequeña casa en S’Agaró que nos permita estar más cerca de ellos y repartir nuestro tiempo entre las dos familias y estos dos lugares que forman parte de nuestra vida.

Y quizá por eso, cuando paseo por S’Agaró y por otros rincones de la Costa Brava, muchas veces mi mirada vuelve inevitablemente a Menorca. Encuentro paisajes, colores y sensaciones que me resultan familiares: el Mediterráneo, los pinos junto al mar, las calas, los caminos de costa, la luz…

No se trata de comparar. Menorca siempre será mis raíces y cada lugar tiene su propia personalidad. Se trata más bien de descubrir cómo, a veces, la vida puede unir dos lugares diferentes hasta conseguir que ambos se sientan un poco como casa.

Un mismo Mediterráneo, dos paisajes

Hay algo en la Costa Brava que muchas veces me resulta familiar. Quizá sean los pinos que llegan casi hasta el mar, las pequeñas calas, las rocas o ese azul del Mediterráneo que cambia con la luz. Son paisajes diferentes a los de Menorca, pero hay momentos en los que encuentro una cierta semejanza que me hace sentir cerca de casa.

En Menorca, el paisaje forma parte de mí desde siempre. En la Costa Brava, en cambio, lo estoy descubriendo de otra manera, poco a poco, a través de nuestros paseos y de esta nueva etapa de nuestra vida. Y me gusta encontrar esos pequeños puntos en común sin olvidar que cada lugar conserva su propia personalidad.

Pasear, observar y disfrutar de la vida cotidiana

La familia, el verdadero puente entre los dos lugares

Si hay algo que realmente une para nosotros Menorca y la Costa Brava, no es solamente el Mediterráneo ni las semejanzas que pueda encontrar en sus paisajes. Es la familia.

Menorca sigue siendo el lugar de nuestras raíces, de tantos años vividos y de una parte importante de nuestra familia. Pero ahora también necesitamos estar cerca de nuestro hijo, nuestra nuera y nuestra nieta. Tener nuestra pequeña casa en S’Agaró nos permite compartir más tiempo con ellos y sentir que, aunque nuestra vida esté repartida entre dos lugares, en realidad seguimos cerca de lo que más nos importa.

Un Mediterráneo que une etapas de una vida

Quizá por eso ya no me gusta hablar de comparar Menorca y la Costa Brava. Prefiero pensar que ambas están unidas por el mismo Mediterráneo y por momentos distintos de una misma vida. Una me recuerda de dónde vengo; la otra me permite disfrutar plenamente del presente junto a las personas que quiero. Y tener la suerte de sentirme en casa en los dos lugares es, sin duda, uno de los regalos más bonitos de esta etapa de nuestra vida.

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